martes, 05 de enero de 2010

Hay mesas de muchos tipos, cuadradas, redondas, óvalas, rectangulares, trapezoides, en forma de ele, y cualquier forma que imaginemos. No hay que olvidar que una mesa es un tablero con patas.  A pesar de su humildad se convierte en un objeto esencial en nuestra vida, ya sea personal como laboral. Nunca he visto una casa sin mesas, y tampoco un negocio o empresa sin ellas. A pesar de la simplicidad del diseño de una mesa todos estaremos de acuerdo que existen unas reglas básicas en su construcción. Tiene que tener las suficientes patas para que sea estable, además, estas patas deben tener la misma longitud. Por tanto, el equilibrio tiene que existir.  Se pueden alterar infinidad de parámetros en el diseño del tablero, y de la forma de las patas, pero la estabilidad de la mesa siempre será necesaria. No obstante, cuando compramos un mesa no nos planteamos que su estabilidad sea la correcta, y que las patas sean las suficientes, simplemente buscamos la más bonita. Es por ello, que una buena mesa puede que nunca entre a formar parte de nuestro mobiliario por ser simplemente fea. En las decisiones que tomamos a diario normalmente dedicamos el 90% del tiempo a valorar el envoltorio de la cuestión y apenas un 10% lo dedicamos al análisis de las entrañas que normalmente es lo más importante.

Decíamos que la vida de una mesa es muy atractiva, y es así. Es un objeto que suele durar muchos años, por lo que es raro encontrar una mesa que no conozca a más de un dueño. En una ocasión conocí a una mesa muy especial. Era preciosa, tenía cuatro patas robustas de madera maciza. Un tablero de madera y cristal combinado, cruzando por debajo del cristal unas vigas de madera. Una preciosidad. No obstante, era una mesa delicada. La madera de sus patas se rayaba con el roce de las sillas, el cristal se ensuciaba fácilmente y el tablero era muy vulnerable a los golpes. Sobre ella se debatieron muchos temas, se tomaron grandes decisiones, se firmaron acuerdos empresariales, se ofreció trabajo y se despidió a gente, se formó a personal, se promocionó a otros, hubo desayunos, fue pupitre de estudio, esta mesa tenía una experiencia increíble, había vivido tantas cosas que nunca nadie reparó en ella.

Una vez, hablando con una silla me comentó que estaba harta de ser tratada tan mal. Tenía mucha envidia de las mesas, decía que vivían mejor que ella. Estaba harta de soportar culos sobre ella. Parecerá atractivo en un primer momento, pero cuantos culos de los que corren por el mundo nos gustaría que se sentaran sobre nosotros. Seguramente un porcentaje muy bajo, y es por ello que la silla estaba hasta las narices de los culos que pasaban sobre ella. Evidentemente no podía elegir el sexo de los mismos, ni el tamaño. Pobre silla.


Tags: mesa

Publicado por ceferinos @ 9:20  | REFLEXIONES
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